La cultura andina: entre la resistencia, la transformación y la defensa de la vida

por | Oct 22, 2026 | Sin categoría | 0 Comentarios

 

La cultura andina ha estado basada principalmente en la música, las danzas, las comidas, los idiomas propios y las creencias espirituales. Pero también en las formas de trabajar la tierra, de relacionarnos con la naturaleza, de compartir en comunidad, de contar historias y de transmitir conocimientos de una generación a otra. Es un mundo cultural que se ha construido a través del tiempo, con las experiencias, las luchas, los saberes y las maneras de existir de nuestros pueblos.

El mundo ha avanzado, la tecnología ha llegado a casi todos los rincones y las formas de comunicarnos, aprender y relacionarnos han cambiado. Por esa razón, la cultura andina también se ha tocado, transformado y, en algunos casos, debilitado. Hoy tenemos nuevas herramientas para conocer el mundo, pero también enfrentamos el riesgo de olvidar lo que somos, de dejar de lado nuestras costumbres y de considerar que todo lo que viene de afuera es mejor que lo que hemos construido desde nuestros territorios.

Sin embargo, las culturas no son cosas que deban permanecer congeladas en el tiempo. Son procesos vivos, que cambian, se adaptan y se enriquecen con las nuevas experiencias. El verdadero problema no es que la cultura se transforme, sino que esa transformación se produzca a costa de perder nuestra memoria, desconocer nuestros orígenes o sentir vergüenza de aquello que nos identifica como pueblos andinos.

Hoy es inevitable hablar de política, porque la política tiene que ver con la naturaleza, con su conservación o explotación, con la distribución de los recursos y con las oportunidades que tienen las comunidades para vivir dignamente. También tiene que ver con la protección de la cultura, de las costumbres diarias, de nuestras formas de pensar, de hablar, de trabajar y de existir. Las decisiones de quienes gobiernan pueden fortalecer los procesos culturales o, por el contrario, ponerlos en dificultades cuando se reducen los espacios, los recursos y las oportunidades para que las comunidades mantengan vivas sus expresiones.

 

 

La comunicación también tiene mucho que aportar. La investigación documental, la fotografía, el video, la producción audiovisual, la radio comunitaria, los pódcast y otras estrategias de recopilación y divulgación de información permiten que nuestras historias lleguen a nuevos públicos. Lo que antes se contaba alrededor del fogón o en las reuniones familiares hoy también puede viajar por internet y ser conocido por personas que viven en otros territorios, incluso al otro lado del mundo.

Pero la cultura no vive solamente en los escenarios, en los museos o en las presentaciones artísticas. También está en la huerta, en la cocina, en los caminos, en las mingas, en las palabras que utilizamos para nombrar las cosas, en las formas de ayudarnos entre vecinos y en los conocimientos que hemos aprendido de nuestros padres y abuelos. Está en la relación que establecemos con el agua, las montañas, los animales, las semillas y la tierra que nos da de comer.

Por eso, defender la cultura andina también significa defender el territorio y las condiciones que hacen posible la vida de nuestras comunidades. No podemos hablar de identidad cultural mientras se destruyen los ecosistemas, se contaminan las fuentes de agua, se desconoce el trabajo campesino o se debilitan las formas comunitarias de organización. La cultura y la naturaleza están relacionadas, porque buena parte de nuestros conocimientos, nuestras costumbres y nuestras maneras de comprender el mundo nacen de esa relación con la Madre Tierra.

En 2026, el avance de las fuerzas políticas de derecha y sus propuestas de gobierno nos invita a reflexionar sobre el futuro de nuestros procesos culturales. Desde nuestra mirada, nos preocupa que determinadas decisiones políticas y económicas terminen debilitando la organización comunitaria, reduciendo las oportunidades para la cultura y poniendo en riesgo derechos que han sido conquistados con años de trabajo y lucha social. También nos preocupa que las diferencias políticas se conviertan en motivos para señalar, dividir o deslegitimar a quienes piensan distinto.

La cultura no debería convertirse en un instrumento de control social ni estar al servicio de los intereses particulares de quienes tienen el poder. Por el contrario, debe ser un espacio para el encuentro, la reflexión, la creación y el ejercicio de la libertad. Una comunidad que conoce su historia, reconoce sus raíces y comprende su realidad tiene más herramientas para tomar decisiones, defender sus derechos y construir su propio camino.

No se trata de rechazar todo lo nuevo ni de pensar que las respuestas están únicamente en el pasado. Se trata de encontrar un equilibrio entre la memoria y la transformación, entre los conocimientos ancestrales y las nuevas tecnologías, entre las tradiciones que nos identifican y las posibilidades que tenemos de construir otras formas de vivir. Se trata de avanzar sin tener que renunciar a lo que somos.

Desde Jogoniando seguimos creyendo en la importancia de la comunicación, el arte, la música, la investigación y la participación comunitaria como herramientas para fortalecer nuestra identidad. Creemos que los pueblos indígenas, campesinos, afrodescendientes y mestizos tienen mucho que aportar a la construcción de una sociedad más justa, donde las diferencias culturales no sean motivo de discriminación, sino una riqueza que debemos reconocer y proteger.

Siempre estaremos a la espera de que, cualquiera que sea el camino político que llegue al poder, deje de atacar al pueblo y a las comunidades; que las decisiones se tomen pensando en el bienestar colectivo y no solamente en los intereses de unos pocos. Que la educación, la cultura, el arte y la comunicación comunitaria tengan el lugar que merecen. Que nuestros niños y jóvenes puedan crecer con oportunidades, conocer sus raíces y decidir libremente qué futuro quieren construir.

Porque la cultura no es un lujo, ni un adorno para las fiestas, ni una actividad que deba existir solamente cuando sobra presupuesto. La cultura es memoria, identidad, conocimiento, dignidad y una forma de comprender la vida. Es también una herramienta para encontrarnos como comunidad, reconocer nuestras diferencias y construir propósitos comunes.

Desde Jogoniando seguiremos contando nuestras historias, compartiendo nuestros saberes y buscando nuevas formas de comunicar lo que somos. Porque conocer nuestra realidad es el primer paso para transformarla, y reconocer nuestras raíces es una manera de seguir caminando hacia el futuro sin olvidar de dónde venimos.

El bienestar debe ser para todos, sin distinciones ni exclusiones. Para las comunidades indígenas, campesinas, afrodescendientes y mestizas; para quienes viven en el campo y en las ciudades; para quienes conservan las tradiciones y para quienes encuentran nuevas maneras de expresarlas. Y también para la Madre Tierra, porque no tiene sentido hablar del bienestar de la humanidad mientras destruimos las condiciones que hacen posible nuestra propia existencia.

Por: Alcibíades Calambás Bernal – Jogoniando

Hoy es inevitable hablar de política, porque la política tiene que ver con la naturaleza, con su conservación o explotación, con la distribución de los recursos y con las oportunidades que tienen las comunidades para vivir dignamente. También tiene que ver con la protección de la cultura, de las costumbres diarias, de nuestras formas de pensar, de hablar, de trabajar y de existir. Las decisiones de quienes gobiernan pueden fortalecer los procesos culturales o, por el contrario, ponerlos en dificultades cuando se reducen los espacios, los recursos y las oportunidades para que las comunidades mantengan vivas sus expresiones.

Desde las escuelas de música en los colegios hasta los grupos organizados, las agrupaciones de danza, los encuentros comunitarios y los procesos de formación artística, existen muchas maneras de mantener vivas nuestras expresiones culturales. A esto se suman los estudios, las investigaciones y las metodologías que buscan comprender, recuperar, documentar y fortalecer los conocimientos de nuestros mayores, las historias de nuestras comunidades y las expresiones que hacen parte de nuestra identidad.

Desde Jogoniando creemos que estas herramientas deben servir para reconocer y fortalecer nuestras raíces, no para reemplazarlas. La tecnología puede ayudarnos a conservar la memoria, registrar los conocimientos de nuestros mayores, visibilizar el trabajo de los artistas y abrir espacios para que los jóvenes encuentren en su cultura una oportunidad de aprender, crear y construir su propio futuro.

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